No hay duda de que el incremento de la longevidad es uno de los progresos más destacados que las sociedades desarrolladas han experimentado el último siglo. En nuestro país, por ejemplo, la esperanza de vida ha aumentado una media de cinco años en los últimos veinte años. Este es un hito remarcable, pero que implica también una serie de retos económicos y sociales.
Aun así, y más allá de una visión del envejecimiento de la población centrada en los problemas que podría generar, es fundamental también reconocer la capacidad de contribuir a la sociedad que tiene la gente mayor. Hoy la población mayor tiene más salud y un nivel de formación más alto que las generaciones pasadas, y su experiencia en ámbitos relevantes de la vida les permite aspirar a seguir siendo activos, y estar implicados en el sostenimiento y el bienestar de sus familias y comunidades.
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